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Así no es, señor alcalde de Cartago -Álvaro Carrillo-, así no es (carta pública)

Así no es, señor alcalde de Cartago -Álvaro Carrillo-, así no es  (carta pública) 


Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos.

Y le hago el reclamo señor alcalde, no porque usted sea responsable material, ni siquiera voy a insinuar que responsable intelectual. Pero sí porque le cabe toda la responsabilidad política de estos momentos aciagos que vive la juventud de la ciudad.

Desde hace meses, me llegaban las tristes noticias de violentas muertes en Cartago, de rafagazos que se escuchan y jóvenes que caen vencidos en el mar de su propia sangre. El 14 de mayo, tocó a las puertas de mi casa, con gran urgencia, el telegrama gris de la suerte final de mi hijo Carlos Stevens. 

Señor alcade, en días pasados, el presidente de la república presentaba -como un ejemplo a seguir en todo el país- la recuperación del sector denominado el Bronx de Bogotá. El hueco o la olla más podrida que tenía la ciudad después del afamado Cartucho de los años 90s. Una recuperación lograda por las autoridades de la ciudad capital, sobre la base de la recuperación de la autoestima y la dignidad de las personas que allí habían caído para ser prisioneros del drama de la adicción a las drogas y presa fácil de los mercenarios de la muerte que gobiernan es estos lugares lúgubres y deprimidos.

Esta recuperación, señor alcalde, se ha realizado en Bogotá a partir de brigadas de atención integral a la miserable población que allí habitaba. Brigadas de salud, alimentación, atención psicológica, construcción de proyecto de vida, procesos recreativos y culturales, programas de integración a la educación para los jóvenes. El presidente Santos afirmó, ante las cámaras de televisión, que esta experiencia ejecutada por el alcalde Gustavo Petro, habría que replicarla en 20 ciudades más del país. 

No sé, señor alcalde de Cartago, si en la mente del presidente Santos, en la lista de las 20 ciudades, estaba la ciudad que usted gobierna. No sé si el presidente de la república tiene conocimniento de la existencia de esa olla que hay en Cartago, por los lados de la vieja estación del tren. Tan siquiera sé si el presidente de Colombia tiene conocimiento de la relación de jóvenes muertos en los últimos meses en esta ciudad del Norte del Valle, a manos –al parecer- de escuadrones de la muerte de la mal denominada operación de limpieza que se anuncia a sotoboche todos los días con la existencia de una lista negra donde la guadaña de la parca señala a la víctima de cada día.

No sé, señor alcalde de Cartago, si usted mismo tiene conocimiento de esta realidad. No sé señor alcalde, usted qué ha dicho al respecto. No conozco pronunciamientos públicos suyos sobre la muerte de tantos jóvenes durante su periodo de gobierno. Recuerde señor alcalde, que se es culpable no sólo por la acción sino también por la omisión y el silencio. Por eso dirijo esta carta a usted, porque creo que en Cartago su autoridad principal, usted señor alcalde, está pecando más por la omisión y el silencio que por la acción.

Respondame usted señor alcalde, en qué van las investigaciones sobre la muerte de tantos jóvenes. Cuénteme usted señor alcalde, usted que constitucionalmente es el responsable de garantizar la dignidad y la vida de los habitantes de Cartago, sean quienes fueren, qué medidas se han adelantado para cumplir dicho presepto constitucional, que usted se comprometió a cumplir desde su posesión como primera autoridad civil y jefe de la policia municipal. ¿sabe usted señor alcalde que se rumora, rumor que se da como ciencia cierta entre la población juvenil de Cartago, que en este escuadron de la muerte habrían integrantes de sus subalternos de la policía?. ¿Hay investigaciones sobre esto?.

Señor alcalde de Cartago, en el telegrama urgente que rompió el alma de mi familia con el anuncio del asesinato de Carlos Stevens (Totono como le decían sus amigos); y el intento de asesinato de tres jóvenes más ese lluvioso 14 de mayo, se decía también que en días anteriores, Carlos Stevens habría tenido un altercado con un oficial de policía, el cual le habría proferido amenazas. No cree señor alcalde que por el bien de la comunidad en general, hay que empezar a investigar estos hechos; a pronunciarse al menos.

Señor alcalde, Carlos Stevens era un jóven adicto, había estado en esa lucha de la superación al problema, pero recaía, volvía a reporse, y luego volvía a recaer para luego volver a intentar salir del infierno interior que vivía. ¿Sabe usted que la adicción es una enfermedad crónica que cuesta mucho superar y que hay que atender con políticas públicas que integren tolerancia, generosidad y afecto, no con el exterminio como se viene haciendo en Cartago?. Porque al parecer eso es lo que se ha determinado en esta ciudad: que es más fácil el exterminio de la juventud, que la atención integral y humana al problema que padecen cientos de jóvenes en la ciudad. 
Señor alcalde, para no acosarlo más con esta misiva ya un poco extensa pero no suficiente para reclamarle respuestas, recuérdele a sus autoridades policivas que para los delincuentes hay cárceles o centros de reclusión y rehabilitación –en caso de que mi hijo hubiese estado rayando en los límites de la delincuencia-; y que para la enfermedad crónica que es la adicción a las drogas deben haber políticas públicas de recuperación; que el exterminio de los jóvenes es una salida criminal, una solución cobarde y sin responsabilidad de quienes deben preservar la vida de la ciudadanía en general.

Señor alcalde, por responsabilidad política, recuerde dar respuesta a estas inquietudes contenidas en estos párrafos escritos con dolor de padre, pero con la plena consciencia de un ciudadano que sabe lo que debe ser la administración pública y la responsabilidad moral y ética de un gobernante ante la ciudadanía que lo eligió, antes que nada para garantizar el derecho fundamental a la vida, no sólo la de sus electores, también la de todo el conjunto de la sociedad que integra el territorio que gobierna. Como le dije al principio, y me parece impórtante recordarle: Así no es señor alcalde, así no es. Y le hago el reclamo señor alcalde, no porque usted sea responsable material, ni siquiera voy a insinuar que responsable intelectual. Pero sí porque le cabe toda la responsabilidad política de estos momentos aciagos que vive la juventud de la ciudad. Tan siquiera respóndame a mí; respóndale a esas decenas de madres y padres que han perdido a sus hijos, o salve usted con su pronunciamiento público, a esos jóvenes que siguen en la lista negra del escuadron de la muerte, en la que repito, se comenta habría agentes de policía, subalternos suyos, señor alcalde, que deben ser investigados.

Quedo atento de usted;


LUIS CARLOS PULGARÍN CEBALLOS
Bogotá D.C., mayo 19 de 2013.

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