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¿POR QUÉ QUIERO SER CONGRESISTA?

A calzón quita'o y sin pelos en la lengua.


Podría sonar paradójico que cualquier ciudadano de bien, cualquier ciudadano que considere tener una ética y una moral políticamente correctas, quiera acceder a un espacio tan desprestigiado como el Congreso Nacional. Durante los últimos años hemos asistido a un deterioro permanente del principal órgano legislativo del país tomado por los parapolíticos, representantes directos de las mafias criminales del narcoparamilitarismo. Habitado por personajes sin criterio que han protagonizado vulgares episodios de compra y venta de consciencias para congraciarse con un régimen presidencialista que busca su perpetuidad a partir de la manipulación de la Constitución Nacional; invadido por ambiciosos politiqueros de toda especie, corruptos, lentejos y voltiarepas que no conocen de principios de partido e igual están en el liberalismo, el conservatismo, en el uribismo o cualquier otro partido político de garaje (de esos tantos que han conformado las mafias del narcoparamilitarismo y que de manera descarada hoy tienen asiento en el poder legislativo, al igual que en el ejecutivo). Si, cualquier persona que apreciara un poquito sus valores y principios, cualquier persona decente, que quisiera mantenerse al margen de tanta suciedad y no contaminarse de los vicios y podredumbre que se respira en el actual ente parlamentario, no se mediría en una campaña electoral para saltar del sano anonimato al burdo desprestigio que le podría representar ser congresista.

Sin embargo, yo, que me precio de ser un ciudadano del común, que durante años ha tratado de mantener su ética y transitar por los caminos de lo políticamente correcto, de lo legítimo y lo legal, decido arriesgarme y buscar un espacio de representación política en la Cámara de Representantes porque, a pesar de ser consciente de todo lo anteriormente expuesto, creo que es un momento clave en el panorama nacional para defender aquellos proyectos vitales que desde las trincheras de la defensa de los derechos humanos he emprendido desde hace más de una década. Con la Presencia de la Corte Penal Internacional, quienes hemos trabajado por los derechos de las víctimas no debemos excluirnos de los procesos de investigación y apoyo que necesitará la Corte Penal Internacional desde las instancias públicas y políticas que permite la Constitución y la Ley, tampoco debemos marginarnos de la responsabilidad de atajar aquellos micos y trabas que congresistas de las mafias uribistas quieran ponerle a la Corte Penal Internacional, ya la Representante a la Cámara Lucero Cortés, ha salido con un proyecto de Ley que defenderá de los procesos de investigación de la Corte a los Militares que han incurrido en violación de Derechos Humanos y Crímenes de Lesa Humanidad, la congresista uribista quiere anticiparse y lanzarle un salvavidas a carniceros que como cualquier Rito Alejo del Río quieren burlarse de las víctimas y de la justicia evadiendo a toda costa su culpabilidad criminal. Mala jugada de esta “actriz” que ahora representa muy bien su papel para los tinglados del poder mafioso y criminal que la sostienen en el Congreso.

Quiero ir al Congreso, a pesar de que éste, es hoy por hoy, el lugar menos recomendado del país; porque es mi deber moral y mi compromiso social, el restablecimiento de la justicia y la verdad. Porque quiero encontrar eco y respaldo de aquellos pocos y pocas congresistas de bien que entienden que este país no puede seguir siendo un país gobernado por verdugos y victimarios; que hay que parar de una buena vez esa clase emergente que ha hecho su fortuna a través del narcotráfico y la criminalidad y ahora quiere mantener un estatus social y político que no le pertenece, pero que conserva gracias al respaldo de un presidente que pertenece a su clase y quiere legitimar y legalizar una economía criminal y mafiosa. Los nuevos ricos del narcotráfico y el terrorismo oficialista, con su presidente a bordo, deberán ser sometidos a la justicia para que en Colombia impere La ley de la honestidad, la ética, la verdad y la justicia. Para que Colombia sea un país decente y digno.

En el anterior orden de ideas, quiero ir al Congreso porque hay que sepultar la Ley de Justicia y Paz y emanar una nueva Ley que permita superar la impunidad total en que está sumido el país; porque las víctimas de la violencia narcoparamilitar, millones de desplazados, familiares de desaparecidos, asesinados, torturados y masacrados, esperan una Ley integral, coherente y consecuente con su situación; esperan acciones más reales y menos mentirosas que una Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación y el Grupo de Memoria Histórica de Bolsillo, donde sus integrantes se conduelen más por los procesos de investigación que legítimamente se establece contra un Vicepresidente al cual lo asecha la sombra de la sospecha, que por las miserables condiciones de vida a las que están sometidas las mismas víctimas que ellos deberían defender y proteger.

Por estas razones, fundamentalmente, quiero ir al Congreso: por la defensa de las víctimas, por reales procesos de justicia y verdad; por el retorno con garantía de millones de desplazados, porque hay que impulsar proyectos de expropiación de tierras a los nuevos ricos del país (NarcoParaLatifundistas); y devolvérselas a sus verdaderos dueños, los desplazados y desplazadas; Porque hay que proteger los recursos públicos que se separan para ayudar a los menos favorecidos y evitar que vayan a engordar las arcas de los ricos y poderosos simplemente porque han sido benefactores-donantes de las campañas políticas del presidente del país. Porque hay que ayudar a depurar la fuerza pública para que se esclarezcan los crímenes que se han cometido sobre miles de jóvenes, más de dos mil casos denominados “falsos positivos” que están en riesgo de quedar en total impunidad. Porque hay que buscar salidas políticas y negociadas al actual conflicto interno, porque hay que seguir impulsando un acuerdo humanitario real que permita el regreso de los secuestrados al seno del hogar; porque estoy en desacuerdo con los tratados de apoyo militar que implican el sometimiento de la soberanía y la autonomía nacional; porque creo en la democracia real y tengo la esperanza de sumar un grano de arena en el restablecimiento de la buena imagen de los órganos de legislación nacional, luego de la expulsión lógica que deben sufrir los representantes de la mafia, la corrupción y el narcoparamilitarismo, que en últimas, son los que someten al escarnio público, crean desconfianza y enlodan el buen nombre del poder legislativo nacional.

He dicho.

Luis Carlos Pulgarín Ceballos.

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